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EL SILENCIO DE LOS PINOS

El Silencio de los Pinos

Hay silencios y silencios…
Silencios de vida, y los que deja el cazador a su paso…
Pájaros, ardillas, conejos comiendo hierba… Disparos… Silencio de muerte..
En estos días hay mucho de esto. Parajes muy vivos, ahora rezuman silencios contenidos, vidas ausentes.
Pero hay otros silencios, esos que dan contexto al arroyo en la tarde otoñal, los que asoman tras la lluvia matutina, o los que esconden la merienda interrumpida de la ardilla, que deja su piña y se te queda mirando… A veces el silencio son los Pinos, cuándo el

observador es observado por un zorro que pasa a tú lado, a lo suyo, en su campeo y visita a sus escondrijos habituales, en esos momentos, el silencio es encantamiento y un tiempo detenido.

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Entre quejigos, encinas y pinares carrascos, tras los lentiscos y jaras, el silencio no es ausencia ni plenitud, es simplemente la pausa de la canción.
Camino, en silencio, cámara dispuesta, binoculares preparados, y cuando no me escucho, comprendo los ritmos del bosque.
Hay tramos dónde no escucho nada, ni un ave, ni un insecto, ni el crujido de una rama… No hay brisa, el silencio es ligero como una pluma, suave como la seda, tranquilo como la roca musgosa, no falta nada, y sin embargo un poco más adelante un mito canta y luego le contesta el carbonero… De repente el silencio es el teatro de las aves forestales, acuñado aquí y allá por los chasquidos de las ardillas dando la alarma…! Cuidado un bípedo se acerca!
Y así me detengo sin intención ni espera y veo que en el monte hay una geografía de lugares vacíos y otros llenos de vida… Quien sabe por qué pero hay lugares predilectos para la vida abundante y luego están las grandes extensiones de vida excasa, vacíos, silencios como ecos de la nada.
Hoy he habitado diez silencios, todos ellos llenos de verdes, todos rebosantes de asombro, todos como cortinas rasgadas entre el tiempo y los espacios innombrados de lo eterno.
TAI
AIM

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