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LA MIRADA DEL LINCE

 

La famosa vista de lince, que por cierto es excelente, seguramente es superada por su finísimo oído, quizás tan importante o más que su vista para poder cazar y comer.

Ahora, en diciembre y enero, es precisamente a través de la escucha, cuándo es más factible, nunca fácil, localizar a la “pantera de Europa”, el tercero entre los grandes depredadores del continente (con lobos y osos). Y es que en esta época de amor felino, los maullidos de reclamo entre machos y hembras permiten contemplar a uno de los más maravillosos animales de la fauna ibérica.

Creo que desde niño, en mis primeros libros, con dibujos de animales, he deseado poder contemplar en libertad, y completamente salvaje, a un lince. Animal extremadamente cautelosos, que se mueve como un fantasma entre bolos graníticos, jaras y lentiscos, a menudo tumbado semioculto bajo una encina o un quejigo. No es extraño que pase tranquilamente por detrás de un grupo de naturalistas, mientras éstos contemplan con sus binoculares el valle opuesto, sin que ni siquiera se percaten de ello.

Mis primeros linces ibéricos (Linx pardinus) también llamado lince pardina, fueron en el zoológico de Barcelona, cuando era adolescente… Recuerdo aquellos días, recorriendo la Sierra de Collserola y Vallvidrera con mi amigo Roque, cuando nos sentimos tentados a llamar a Félix Rodríguez de la Fuente, ante el convencimiento de haber encontrado huellas de lince en la famosa sierra barcelonense… ¡Es que nos parecieron de gato grande!, del tamaño de un perro, y sin marcas de uñas… (no sabíamos que a muchos perros les cortan las zarpas).

Con el tiempo llegué a pensar que ver a un lince era algo muy difícil, quizás solo reservado a profesionales, o elegidos por la Diosa Fortuna… Dos viajes a Doñana, tampoco dieron ningún fruto, y aunque nos dijeron que andaban por ahí, el llegar a verlos era harina de otro costal.

Existen cuatro especies de linces en el mundo, en América, el Lince Canadiense, y el lince Rojo (al que en algunos lugares llaman gato montés), en Eurasia, el Lince Ibérico, y el Lince Euroasiático, así que nuestro lince mediterráneo es una de las cuatro joyas de la corona.

Hace un par de años, después de ya empezar a ver osos y lobos con cierta regularidad, en Asturias y Zamora, fuimos con María a Sierra Morena, allí descubrimos durante unas Navidades, a un montón de gente que decía ver al lince aquí, o a allá, pero tampoco tuvimos suerte, claro que con unos prismáticos tan rudimentarios, nos sentíamos mal equipados para ello, en especial viendo tanto telescopio de última generación y aparatos tan caros y sofisticados. Pero lo bueno es que ya estábamos en la pista. Poco a poco fuimos haciéndonos con un equipo más respetable y el año pasado tuvimos la suerte de contemplar atónitos a nuestro primer lince en libertad..

Lo habíamos oído varias veces, y tal como nos dijeron, ocurrió… ¡Se nos cruzó en la carretera! En realidad estaba en el lado derecho, y fue un vis y no vis… apenas segundos, que se quedaron indeleblemente grabados en nuestras retinas… Es increíble como nos percatamos de cada detalle, en tan fugaz visión. Ya nos sentíamos bendecidos por los hados del destino, de por lo menos haber visto un lince, libre y salvaje…

En esa ocasión conocimos al que es ahora ya un buen amigo, Jose Lavado, que en el momento que escribo estás líneas, está, como de costumbre, al pie del cañón, recorriendo la sierra, bajo el mal tiempo y la lluvia, para estar simplemente cerca, y quizás tener la ocasión de ver una vez más a sus criaturas favoritas.

Jose es para mí el Señor del Lince, ha visto, filmado, fotografiado, e incluso a tenido a un metro de distancia a varios linces de la región, de los cuales conoce hasta el apellido y el número que calzan… Es un experto a la vieja usanza, es decir, patear y patear la zona…

Jose no se cansa del lince, con más de treinta años de experiencia, cada encuentro parece sorprenderlo, como a un niño los regalos de los Reyes Magos… Lo poco que voy sabiendo de este extraordinario animal, se lo debo a él… ¡Gracias Jose!

 

Este cambio de año decidimos con María estar explorando a fondo la zona, con la esperanza de un encuentro fortuito con el gran gato manchado. Así que a pesar de los resfriados estacionales, salimos para el monte, equipados con nuestro asombro y anhelo intactos.

No es fácil poner en palabras lo que ha pasado estos días, sí, puedo explicar, y cuantificar, pero todo se queda demasiado corto y aséptico… No, la cosa ha sido para nosotros, poesía pura, sueño convertido en realidad.

Tuvimos momentos de estrés, y comprendimos a fondo el significado del verbo inventado… “lincear”… Que en definitiva consiste en carreras arriba y abajo persiguiendo los arrumacos enamorados de una pareja de linces, hermosos y fascinantes…

El primer lince que vimos, pasó a diez metros por detrás de dónde mirábamos y fue una figura fantasmagórica, escurriéndose entre los matorrales… ¡Pero lo vimos!, ¡Estaba ahí!

Luego , mientras varias personas señalaban de forma imprecisa… -Va por ahí-

-Ladera arriba- Conseguí enfocar con los prismáticos en el preciso momento en que se paró, y se me quedó mirando… ¡Tres segundos eternos!

 

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De las nueve y media de la mañana, hasta las once y media, fueron dos horas trepidantes de no parar, arriba y abajo…

En un lugar apartado del camino, una pareja de franceses estaban mirando algo, me acerqué, y ahí estaba… El Emperador del Matorral Mediterráneo… Un majestuoso lince encima de un otero, contemplando mayestáticamente todo su imperio, plagado de perdices, torcaces, urracas, rabilargos y su plato fuerte, el conejo…

 

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En nuestro día “Del Lince”, ya inolvidable, tuvimos seis avistamientos, cuatro ejemplares diferenciados, la pareja y dos más, en otras zonas…

Otro día, tras una mañana de “nada”, y me duele decirlo, pero cuando los linces están por aquí, ya no tengo ojos para maravillas tan increíbles, como dos parejas de Águilas Imperiales, un Águila Real, Buitres Negros, Leonados, Gavilanes, incontables ciervos, gamos, todo es “nada”, porque la obsesión del lince se te ha metido en la sangre.

En más de diez viajes a la zona, sin ver linces, un Águila Imperial, habría sido más que suficiente, pero esta vez… (Pido perdón a los ornitólogos) .

Pues eso… sin ver linces, llegó la hora de preparar algo para comer sobre las dos de la tarde, y cuando María estaba ya puesta en faena… La llamé corriendo y no hicimos otra cosa hasta las seis de la tarde… En esa ocasión, los grandes gatos se dejaron ver a esas horas, así que está claro que son ellos, y solo ellos, los que marcan nuestros horarios.

Solo hubo un día sin lince, los demás, mínimo, una o dos observaciones…

A todo esto, llegó mi buen amigo Juan Pablo de Zamora, experto lobero, con un grupo de amigos, así que entre tan buenos compañeros, como Jose, Juan Pablo y otros, las esperas se hacían muy amenas.

También tuvimos la suerte de conocer a mucha gente maravillosa, como Marta y Toni de Valencia, Natalia, Emilio de Premiá de Mar, que nos han puesto en contacto con otros lugares a visitar y con amigos con quien compartir esta loca pasión.

Fue muy interesante compartir con Gean Lucas y Ricardo, su padre, de Roma, que nos han hablado muy bien de la región de los Abruzzos, dónde existe una significativa población de osos y lobos. Es excelente convivir con gente tan apasionada por lo mismo que tú… Gean Lucas, es joven, pero todo un experto en los lobos apeninicos, estoy seguro que pronto nos veremos por aquellas tierras.

Fabrizzio y Mirta, también de Roma, fueron unos buenos amigos a destacar, como nosotros, son amantes de los animales salvajes y están constantemente moviéndose por espacios naturales.

En fin, ¿qué más puedo decir de este encuentro con el Lince Ibérico?, ¿Qué lo pude fotografiar de forma muy aceptable?, ¿Qué lo filme un poco?… No, mucho más, infinitamente más… El lince vivo, el lince libre, ya no solo recorre los recónditos paisajes de nuestras sierras, también habita en nuestros corazones, al final, para nosotros, lo verdaderamente importante no es ni filmar, ni fotografiar a un animal salvaje (Para eso está National Geographic), basta con “vivirlo”, que es mucho, muchísimo más que alcanzar a verlos… Es estar en su casa, en su hábitat, escuchar sus maullidos, ver sus huellas, rastros… Observar su menú… conejos y perdices (Entre otras muchas), es sobre todo sentir su presencia, quizás observándote a ti, tras unas matas de lentisco.

En más de una ocasión, en la inmensa luna de enero, y paseando en el silencio de la noche, sentí , entre algún canto de Buho Real, la sensación de que una sombra me vigilaba entre las peñas, seguramente imaginación mía.

 

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Llegó la hora de partir, con el alma llena de vida, y con la sensación de unos abrazos de antiguos y nuevos amigos… Ahora desde mi casa, mientras plasmo estas notas y proceso un par de fotos, sigo mirando con el ojo de mi mente, unas montañas nubladas y lluviosas, donde Jose y el Lince, juegan al ratón y al gato… No se cual de los dos es cada uno…

 

¡Buena Suerte!

 

Antonio Iborra

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